Mucha gente nos pregunta a los viticultores como ha ido la añada y en la gran mayoría de años es muy difícil de resumir en un solo adjetivo. ¿Buena? ¿Muy buena? ¿Poca o mucha producción?

Frecuentemente, entre campos que están solo en una distancia de 1.000 metros ya existen diferencias que a causa de los suelos reaccionan de un modo diferente a la climatología. Si resumir la añada de una zona (Ampurdán) o territorio concreto (Calonge) se hace difícil este año, en el caso de las viñas que tenemos en Viníric se hace imposible.

Las temperaturas fueron las adecuadas por la estación de invierno. La primavera empezó pronto con fuertes temperaturas que empezaron a avanzar el ciclo de la planta, tendencia que se generalizó el resto del año con un verano con una media de temperaturas 3 grados por encima del 2021. 

El cuajado, el envero y la maduración iban 15 días por adelantado de la media de anteriores años.

Pero lo que ha marcado este año ha sido la gran sequía sufrida. El marzo empezó con lluvias generosas que ayudaron mucho a arraigar con fuerza las nuevas plantaciones de malvasía y garnacha blanca de la Finca de Brugueres, pero el resto del año las precipitaciones registradas han estado de 234 l/m² hasta el mes de agosto, las plantas han llegado muy cansadas en septiembre.

Algunas viñas a mediados de agosto sufrían de estrés hídrico, sobre todo las de suelos arcillosos, parando las maduraciones y dejando el grano pequeño que ya no variaría mucho. La volatilidad en las maduraciones era la norma y los controles de azúcares y acidez no seguían un ritmo constante como otros años. Pieles y pepitas muy maduras con graduaciones bajas y acideces altas, pocos años se había observado estadios similares. La decisión de recolección se hacía compleja y difícil. Muestra de la complejidad: Entramos garnacha tinta a finales de agosto con 14,2° y otra garnacha tinta a finales de septiembre con 13,5°.

Ha sido un año donde el trabajo del enólogo dentro de la bodega ha sido muy importante. Mucha observación y estudio de variedad por variedad y finca por finca. Los protocolos anteriores no servían. Las maceraciones de cada uva se tenían que acortar, puesto que tenemos más piel que pulpa debido a la sequía. La fecha de descube era clave y muy diferente al resto de años.

No es un año para resumirlo en un adjetivo, pero la concentración de los vinos será muy interesante, los taninos muy trabajados estarán presentes, las acideces de algunas variedades serán las correctas, otras como la garnacha blanca más bajas (no se podrá envejecer tanto?).

El clima es un factor clave en nuestro trabajo, pero la profesionalidad de los enólogos y viticultores para observar, analizar y tomar las decisiones adecuadas para intervenir o no define la diferencia entre los vinos correctos y los grandes vinos.

¡Salud y vino!

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